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La calidad del aire interior en edificios de uso público

Publicado por S&P el Jul 27, 2020
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La calidad del aire interior es un tema que hemos venido tratando en otros artículos, sin embargo en este caso vamos a profundizar más en calidad del aire interior en edificios de uso público y las particulares asociadas en los mismos.

La calidad del aire está afectada por numerosos factores. La humedad del local, la presencia de microorganismos, el nivel de CO2 o los COV son algunos de los agentes que condicionan la calidad del aire interior. La ausencia de ventilación o deficiencias en el sistema de ventilación, pueden ser motivo del aumento de los contaminantes interiores, mermando el buen estado del aire interior. Al margen de los contaminantes producidos en el interior del edificio, también hay que considerar aquellos contaminantes procedentes del exterior, entre ellos gases provocados por la actividad humana, partículas en suspensión, ácaros, productos químicos, polvo o insectos.

Legislación vigente en torno a la calidad del aire en edificios de uso público

Como hemos visto, son numerosos los factores que intervienen en la calidad del aire. Por este motivo, desde el año 2007 es obligatorio asegurar una adecuada calidad del aire interior en los edificios, de forma que se garantice y mantenga una adecuada salubridad del aire y, para ello, existe una legislación que establece una serie de requisitos recogidos en forma de Instrucciones Técnicas.

A diferencia de los edificios de viviendas, reguladas por el Código Técnico de la Edificación, la normativa que se debe seguir en edificios de uso público es el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE). 

A grandes rasgos, el punto esencial que establece este reglamento es que los edificios públicos deben disponer de un sistema de ventilación que garantice la adecuada aportación de aire procedente del exterior, garantizándose la evacuación del aire interior contaminado.

Para llevar a cabo esta premisa y adecuarla a la naturaleza de los distintos tipos de edificio y los lugares en los que se encuentran ubicados, el RITE clasifica por niveles de calidad el aire interior y el exterior.

En función de cuál sea la actividad prevista del local, se establecen 4 niveles de calidad de aire:

  • IDA 1: Aplicable a hospitales, clínicas, laboratorios o guarderías. La calidad del aire debe ser óptima
  • IDA 2: Oficinas, residencias, museos, aulas de enseñanza, piscinas, salas de lectura… La calidad del aire debe ser buena
  • IDA 3: Edificios comerciales, cines, teatros, salones de actos, habitaciones de hoteles, bares, restaurantes, gimnasios… En este caso la calidad del aire debe ser como mínimo media
  • IDA 4: Esta última división hace referencia a un aire de calidad baja y no se debe aplicar. 

La pertenencia a una categoría u otra establecerá el caudal de aire exterior mínimo que se debe aportar. Para el cálculo de dicho caudal es posible utilizar diferentes métodos de cálculo, siendo los más utilizados los dos siguientes:

Método A: Método indirecto de caudal de aire exterior por persona. Que establece un caudal mínimo de aire exterior por ocupante y está destinado a espacios con ocupación humana permanente y el método D, Método directo de caudal de  aire por unidad de superficie.

Método D: Método directo de caudal de aire por unidad de superficie. Que establece un caudal mínimo de aire exterior por superficie y está destinado a espacios que no disponen de ocupación permanente.

Para conocer más en profundidad los 5 métodos aplicables, os recomendamos acceder a la normativa exigida por el RITE. 

Prevención y control de la calidad del aire interior 

Para tener un control y prevenir el deterioro de la calidad del aire interior, además de cumplir con las exigencias legales, podemos realizar diferentes acciones que permitan asegurar el buen estado del aire interior. 

En lo que se refiere a acciones a realizar de manera continua, podemos destacar las siguientes: 

  • Monitorización de las sustancias contaminantes como el CO2, COV, partículas en suspensión, radón o malos olores 
  • Regulación de los caudales de ventilación de cada zona, en función de los niveles de contaminación detectados en cada zona

Al margen de los caudales de aire, también se deben prever etapas de filtrado del aire exterior antes de su introducción al interior de los locales, que evitarán que el aire nuevo pueda ser introducido con contaminación. El uso de filtros, por tanto, se torna indispensable para garantizar la calidad del aire interior en los edificios de uso público. 

El tipo de filtros a emplear dependerá tanto del tipo de actividad que se realice en el local (IDA) como de la ubicación que éste tenga (ODA), sobre este último el RITE establece los siguientes niveles de aire exterior: 

  • ODA 1: Aire puro que pueda contener partículas sólidas, como el polen, de forma temporal.
  • ODA 2: Aire con altas concentraciones de partículas.
  • ODA 3: Aire con una concentración alta de contaminantes gaseosos. 
  • ODA 4: Aire con alta concentración tanto de partículas como de gases. 
  • ODA 5: Aire con una concentración muy alta de partículas y contaminantes gaseosos. 

Como vemos, la calidad del aire interior en edificios públicos tiene muchos condicionantes y su nivel de exigencia depende del tipo de espacio que tratemos. La normativa en vigor contempla estos aspectos, sin embargo, para obtener una buena calidad de aire exterior será imprescindible que el proyectista realice una correcta implementación del sistema de ventilación garantizando el efecto barrido de los contaminantes, al tiempo que se implementen sistemas de regulación que prevengan y eviten molestias y patologías derivadas en las personas que ocupen los edificios. 

componentes del aire

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