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Edificio enfermo y salud laboral: factores y consecuencias en el trabajador

Publicado por S&P          junio 24, 2019          Lectura: 4 min.

Es frecuente, en el ámbito de la prevención de riesgos laborales, considerar el edificio enfermo y el conjunto de sintomatologías ligadas a él, como una de las prioridades en salud laboral por la demostrada incidencia negativa que, este tipo de edificios, tienen en la salud de los trabajadores.

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Y al hablar de enfermedades ligadas a un edificio habitualmente nos referimos a síntomas clínicamente definidos y diagnosticables, provocados por agentes contaminantes transportados por el aire o por la prolongada exposición a campos electromagnéticos y una elevada electricidad estática provocada por una baja humedad relativa.

Consecuencias para los trabajadores

El conocido como síndrome del edificio enfermo afecta a miles de personas, aunque en ocasiones, la dificultad para identificar el problema o averiguar las causas es el principal obstáculo para poder actuar y eliminar las situaciones de riesgo para la salud.

Existen una serie de factores que inciden directamente en este tipo de síntomas relacionados con el síndrome del edificio enfermo:

  • Estancias mal ventiladas y con una deficiente calidad del aire interior
  • Zonas cableadas sin suficiente aislamiento ni toma de tierra.
  • Materiales de construcción contaminantes y mobiliario y estructuras sintéticas.
  • Deficientes niveles de humedad relativa por excesos en el sistema de calefacción o aire acondicionado.

Y las consecuencias derivadas de dichos síntomas pueden manifestarse de forma más o menos leve mediante:

  • Sensación de cansancio o letargo
  • Dolores de cabeza
  • Sequedad en los ojos
  • Presión en el pecho
  • Ojos llorosos y nariz taponada
  • Sequedad cutánea
  • Náuseas y mareos

Síntomas que por falta de atención pueden originar otro tipo de enfermedades por hipersensibilidad, infecciosas o de origen químico y/o físico y afectar seriamente la productividad laboral pudiendo derivar en bajas laborales o en un ambiente laboral sumamente negativo.

Es frecuente además que estos síntomas se produzcan en el lugar de trabajo y mejoren al abandonar el edificio, pudiendo incluso desaparecer en los periodos vacacionales.

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Ventilación y calidad del aire interior

La contaminación interior o la mala calidad del aire interior se ha identificado como uno de los elementos clave, no sólo en relación con el síndrome del edificio enfermo sino de forma general, como uno de los factores de incidencia más negativa en el ámbito de la salud laboral.

En el caso del edificio enfermo, es habitual encontrar ejemplos de esta patología en edificaciones de la arquitectura moderna, caracterizadas por estructuras herméticas, aisladas del exterior y donde los sistemas de ventilación son la clave.

En edificios donde se puede realizar una ventilación natural al abrir las ventanas, la presión del aire exterior provoca que el aire circule y la incidencia de los síntomas relacionados con la mala calidad del aire interior son menores.

Sin embargo, en aquellos edificios más herméticos en los que el aire se introduce mediante un sistema centralizado que lo distribuye a través de conductos comunicados con distintas áreas de un recinto, puede darse una acumulación de microorganismos, polvo y otra serie de contaminantes del aire interior. Esto es consecuencia de un deficiente mantenimiento de los conductos, que deben realizarse una limpieza periódica de los mismos.

También la mala filtración puede influir en la mala ventilación del espacio interior y traducirse en un incremento del aire contaminado y viciado.

Medidas para mitigar y controlar esta situación

Con el fin de mitigar y controlar aquellas situaciones que puedan desembocar en problemas de salud para los trabajadores en el ámbito laboral, se pueden seguir una serie de sencillas medidas especialmente, en aquellos casos en los que existan sospechas acerca de la influencia del edificio en las condiciones de salubridad de sus habitantes:

  • Localizar los focos que producen la contaminación y diseñar las acciones necesarias para reducir sus efectos sobre la salud o su eliminación si fuera posible.
  • Mantener unas condiciones de temperatura y humedad relativa adecuadas, es decir, unos valores de temperatura entre 20 ºC, y 26 ºC; una humedad relativa entre el 40% y el 70% y una velocidad del aire que no sea excesivamente elevada y dificulte el trabajo o haga que se produzcan corrientes de aire molestas o perjudiciales para las personas.
  • Equilibrar las presiones en distintos puntos del edificio.
  • Realizar revisiones periódicas de los sistemas de ventilación y climatización para asegurar su correcto funcionamiento.
  • Utilizar instrumentos de medición como sensores de CO2 o sondas de calidad del aire que permitan detectar niveles de contaminantes superiores a los aceptables con el fin de ajustar los sistemas de ventilación y conseguir una adecuada renovación del aire interior.

Es importante tener en cuenta que el aire interior debe estar libre de contaminantes y de olores. Debe tener además,  una temperatura y grado de humedad correctos y, en los espacios de trabajo, será recomendable realizar una separación conveniente de los espacios diferenciando las zonas laborales, de las zonas de máquinas, de comidas, etc. En definitiva, hacer que la salud prevalezca sobre otros aspectos como pueden ser los económicos o materiales que finalmente, repercutan negativamente en la calidad del ambiente.

Conceptos básicos de la ventilación