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La humedad en casa: por qué surge este problema

Publicado por S&P el Feb 10, 2020
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Ya hemos abordado este concepto como uno de los más importantes a conocer cuando hablamos de confort en los espacios interiores. Cuando hemos hablado de las condiciones termohigrométricas, encontramos que la humedad, junto con la temperatura, es uno de los factores clave a tener en cuenta para evaluar el bienestar cuando se ocupa un espacio.

En esta ocasión vamos a indagar en la naturaleza de este fenómeno, sus causas, sus consecuencias y las estrategias para remediarlo.

¿Qué es la humedad? 

Cuando hablamos de humedad en el contexto de un ambiente interior, nos estamos refiriendo a la cantidad vapor de agua contenido en el aire ambiente. Siendo precisos y para desmarcarnos de la definición de humedad en otros contextos, cabe matizar que nos referimos en realidad a la humedad relativa, una medida porcentual que define la relación entre la humedad que contiene una masa de aire respecto a la que podría contener. Así que cuando definimos los porcentajes de humedad ideales, que situamos generalmente entre el 30% y el 65%, en términos científicos nos estamos refiriendo a la humedad relativa, no tanto a la humedad, que se define según la RAE de una forma más genérica como agua de que está impregnado un cuerpo o que, vaporizada, se mezcla con el aire

¿Qué importancia tiene en un ambiente interior? 

Como ya anunciábamos al inicio de este artículo, controlar la humedad en el ambiente interior de los edificios es clave en la sensación de bienestar. Si estamos en condiciones de humedad relativa baja, los mecanismos de regulación del cuerpo hacen que la evaporación del sudor del cuerpo sea excesiva, dando como resultado sequedad en la piel y las mucosas. En cambio, una alta humedad relativa nos impide evaporar el sudor, son lo que nuestras estrategias de autorregulación se ven impedidas y no podemos refrigerarnos debidamente, incrementando la sensación de calor. Por otro lado, un ambiente excesivamente húmedo, facilita la proliferación de microorganismos, lo que puede derivar en reacciones alérgicas y enfermedades respiratorias.

¿Cuál es la situación ideal? 

Sobre la humedad ideal, el RITE -Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios- en la ITE 1.1.4.1.2., establecía un rango para controlar la humedad en edificios, que varía entre el 45% y el 60% de humedad relativa en verano (interior acondicionado entre 23‐25oC) y del 40% al 50% en invierno en condiciones estándar (interior acondicionado entre 21‐23oC), limitando al 35% la humedad relativa en invierno en circunstancias puntuales excepcionales. En su revisión de 2009, amplió el rango, situándolo entre el 30% y el 70%».

¿Cuándo podemos hablar de un problema causado por la humedad? 

Cuando el nivel de humedad en un espacio interior alcanza el 70%, sus efectos se pueden hacer visibles y perceptibles de distintas formas:

  • Condensación en el interior de las ventanas
  • Hinchazón y descamación de la pintura, o desprendimiento del papel pintado
  • Hinchazón de las carpinterías de madera
  • Aparición de óxido en objetos metálicos
  • Aparición de manchas en los paramentos
  • Aparición de hongos, mohos, musgos y líquenes
  • Olores a moho

¿Por qué surgen estos problemas y cómo se pueden abordar? 

Los orígenes son diversos, pudiendo presentarse varios de manera simultánea. Es importante identificarlos para controlar la humedad en los edificios de una manera exitosa.

Ciertas actividades de la vida cotidiana son productoras de humedad, como la preparación de comidas, las duchas, el funcionamiento de los electrodomésticos y el propio metabolismo humano (cada persona evapora unos 350 ml de agua diarios sólo a través de la respiración). Sin embargo, en condiciones normales, el exceso de humedad registrado por estas actividades se puede resolver simplemente controlando la producción de vapor en el interior y llevando a cabo una Demanda Controlada de Ventilación según concentración de humedad. Un sistema de ventilación mecánica controlada es un dispositivo que evacuará de manera efectiva el aire de las habitaciones húmedas facilitando así el alcance de los niveles de confort.

Uno de los problemas más frecuentes a causa de la humedad es el de la condensación, que puede darse cuando el espacio interior está a una temperatura más alta que el exterior. Cuando la temperatura de los paramentos es inferior a la del punto de rocío interior (que depende de la temperatura y la humedad relativa) se producen condensaciones de agua sobre ellos: el aire sobrecargado de vapor de agua, al contacto con un cerramiento frío, condensa sobre las superficies produciendo el agua líquida. En este caso, el efecto del paramento frío se debe a un aislamiento deficiente, a unas carpinterías sin rotura de puente térmico o al uso de vidrios de hoja simple. Plantear una mejora y/ o sustitución de estos elementos es la vía más segura y más eficiente para resolver el problema.

Por otro lado, la humedad puede presentarse de otros modos, como una infiltración desde el exterior a través de los paramentos o por ascensión debido al contacto directo de los cerramientos con el terreno. Estos casos suelen desembocar en otro tipo de problemas como las manchas en paredes interiores o las eflorescencias, de las que hablaremos próximamente.





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