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¿Qué son las condiciones termohigrométricas?

Publicado por S&P el Nov 18, 2019
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Temperatura, humedad y ventilación son las tres dimensiones ambientales a las que nos referimos cuando hablamos de condiciones termohigrométricas.

Son los tres factores que debemos conocer para controlar el ambiente dentro de un espacio y tienen especial importancia cuando hablamos de interiores en los que se desarrollan actividades relacionadas con el trabajo. 

Aunque hay diversas medidas de control de la calidad del aire interior que se preocupan de mejorar diferentes aspectos, la temperatura, la humedad y el movimiento del aire son los primeros factores a los que debemos prestar atención para garantizar el bienestar en los espacios interiores que diseñamos o habitamos.

Las condiciones termohigrométricas deben favorecer el desarrollo normal de las actividades que podamos llevar a cabo en un espacio interior, preferiblemente bajo una percepción de confort.

Fundamentales para alcanzar entornos confortables

Asumiendo que el confort se percibe de manera subjetiva, es necesario que las condiciones termohigrométricas se ajusten a unos intervalos que garanticen que la mayoría de los ocupantes van a encontrar el ambiente confortable, aunque siempre habrá en torno a un 5% de usuarios que sentirán disconfort, bien sea por exceso de frío o de calor.

Estas condiciones del ambiente interior no pueden ser fuente de incomodidad y en ningún caso deben suponer un riesgo para la seguridad o la salud del usuario del espacio, especialmente en los espacios que se ocupan de manera continuada y persistente, como los lugares de trabajo. Unas condiciones termohigrométricas malas o deficientes pueden estar en el origen de problemas de salud y falta de bienestar para los ocupantes de los espacios.

Sin ir más lejos, el Código Técnico de la Edificación en su documento básico HS 3. “Calidad del Aire Interior” define las estrategias a emplear para alcanzar unos marcadores aceptables en lo que se refiere a humedad y calidad del aire.

Con carácter general, en los espacios de trabajo, con una actividad de tipo sedentario, debemos centrarnos en cumplir los siguientes parámetros para el control de las condiciones termohigrométricas:

    1. TEMPERATURA: comprendida entre los 17 ºC y los 27 ºC para lugares en los que se llevan a cabo trabajos sedentarios; entre los 14 ºC y los 25 ºC en espacios en los que se desempeñen trabajos físicos ligeros.
    2. HUMEDAD: comprendida entre el 30 y el 70%. Salvo si estamos en entornos en los que la electricidad estática entrañe riesgos, en este caso debemos situarnos por encima del 50%.
    3. VENTILACIÓN: en un entorno de trabajo, los ocupantes no deben exponerse de forma frecuente o persistente a corrientes de aire:
      • Mayores de 0,5 m/s en ambientes calurosos
      • Mayores de 0,25 m/s en ambientes no calurosos

La mala gestión de las condiciones termohigrométricas, entre otros factores, es un común denominador en los espacios que sufren el Síndrome del Edificio Enfermo, siendo los espacios destinados a oficinas los que pueden sufrirlo en mayor medida. Esto se debe a las deficiencias de diseño en los sistemas de ventilación centralizados con recirculación del aire, que son responsables de la multiplicación de los contaminantes presentes en el ambiente, al no renovar convenientemente el aire interior.

Impacto sobre el bienestar y la salud

Las malas condiciones ambientales de estos espacios pueden afectar a los trabajadores en distintas facetas. Puede registrarse un peor rendimiento en el trabajo, ya que se producen distracciones ligadas a la incomodidad que produce un ambiente inadecuado. Así, se estima que un exceso de calor provoca un descenso en el ritmo de trabajo y produce fatiga muscular. En el caso de un ambiente demasiado frío, se observa que disminuye la destreza manual y en general el rendimiento físico.

Por otro lado, se registran también otras afecciones relacionadas ya directamente con la salud. Es frecuente, en los lugares con condiciones termohigrométricas deficientes, encontrar trabajadores con problemas de dolor de cabeza o jaquecas, náuseas, mareos e incluso cansancio crónico. También se pueden dar problemas respiratorios como rinitis, alergias nasales, asma o resfriados persistentes, y problemas relacionados con la piel como dermatitis o sequedad en ojos y mucosas.

¿Qué papel juega la ventilación?

Los sistemas de ventilación son fundamentales para el mantenimiento de unas buenas condiciones termohigrométricas, que como ya hemos explicado, son la clave del confort en los espacios de trabajo.

En este contexto, la misión fundamental de la ventilación es la renovación del aire interior contaminado de los edificios.

Sin embargo, los sistemas de ventilación tradicionales pueden entrar en conflicto con las condiciones de confort, ya que la entrada de aire exterior implica una gran variación de la temperatura interior, por entrada de aire frío o caliente. En estos contextos, un sistema de ventilación mecánica de doble flujo resulta idóneo, ya que hace posible la renovación del aire interior sin las consecuencias térmicas descritas, además de evitar las pérdidas energéticas que se dan en la ventilación tradicional. Este sistema, viene dotado de un intercambiador térmico que permite introducir aire limpio casi a la misma temperatura que se encuentra el aire interior, extrayendo el calor del aire que se extrae para transferirlo al aire que entra.

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